Guyana

Que sepáis que estoy a puntico de describiros el país más raro que haya visto jamás (esto ya me lo temía durante la buena hora de cola que pasamos en la aduana)

Nada más pasar el río Courantyne (frontera natural entre Surinam y Guyana) nos encontramos con un panorama alucinante. Para empezar la carretera que nos llevaba hasta Georgetown era con una interminable “carretera del Raal” a lo bestia. Me explico, a ver, todos sabéis a qué me refiero: una carretera con casas a ambos lados durante todo el recorrido, no hay un núcleo definido de población, tras las casas se extienden los campos de cultivo y no hay acera por donde hacer circular a los peatones, ¿es como la carretera del Raal o no?

Además, los campos de cultivo eran inmensamente grandes. Cañaverales de azúcar, platanales y palmerales de coco se extendían hasta donde se pierde la vista.

¡Y lo más impresionante eran los animales! Durante las dos horas de viaje vimos deambular libremente por la carreterucha caballos, bueyes, vacas, cerdos, gallinas, perros y, atención papá, pollinos a pajera abierta. Los burros eran utilizados todavía allí como bestias de tiro y carga. Tal era la cantidad de animales que se nos cruzaban en el camino que más de una vez nuestro simpático conductor indú, Nick, tuvo que pegar el frenazo (los 140 km/h a los que circulaba no ayudaron a hacer más suaves los frenazos). Nick nos aseguró que  esto solo sucedía en el campo, pero pronto comprobaríamos que la ciudad estaba también plagada de animales.

Vaca pastando junto a un colegio en Georgetown

Vaca pastando junto a un colegio en Georgetown

El país, aunque más desarrollado agrícolamente, daba una ligera impresión de pobreza. A pesar de todo, en el campo nunca vimos chabolas, sino casas de labranza y alquerías en madera. Todo muy pintoresco.

La población que habita este rincón del continente es predominantemente india y negra. No vi casi indígenas ni blancos durante mi estancia.

Ahora bien, Georgetown es otro cantar. Lo que antiguamente fue una próspera ciudad colonial británica, hoy es una caótica urbe. Es aquí donde nos dimos cuenta de la verdadera pobreza del país. Para empezar eso de las alcantarillas no lo conocen, así que ya podéis imaginaros canales y desagües a plena vista.

El centro de la ciudad está compuesto por edificios victorianos y por un fenómeno muy curioso: un mercado permanente. Aclaro esto, el mercado comenzaba todos los días temprano y terminaba ya cerrada la noche, cuando la algazara popular se mezclaba con los neones y con la música de los Soundsystems (discotecas ambulantes). Este mercado era un amasijo de puestecitos colocados al azar por todas las calles. El único lugar donde había un poco de organización era en el mercado cubierto. Allí se encontraban las carnicerías y las pescaderías que vendían el género pescado en el río Demerara.

Catedral de Georgetown. Probablemente el edificio en madera más alto de Sudamérica

Catedral de Georgetown. Probablemente el edificio en madera más alto de Sudamérica

Townhall

Townhall

El mercado cubierto al fondo y el caos en primer plano (no se distingue mucho el panorama porque es un ¡¡Caos!!)

El mercado cubierto al fondo y el caos en primer plano (no se distingue mucho el panorama porque es un ¡¡Caos!!)

Paseando por las calles me di cuenta de que el hecho de ser blanco era un verdadero incordio. Voilà el indicador de que este país es uno de los más pobres de Sudamérica.

Si no he hecho más fotos es porque el riesgo de quedarme sin cámara era bastante elevado y porque me daba mucha vergüenza sacar el aparatejo delante de esa gente que se dejaba los cuernos por sobrevivir.

No obstante, la primera noche conocimos a Adrian (/eidrian/ para los amigos) un guyanés buscador de oro muy simpático que nos mostró la ciudad y con el que salimos de fiesta por los locales de perreo. ¡Y sí! “perreo” es la palabra que define estos locales. Intentad imaginad como baila la gente cuando “perrea”, pues así bailaban los mancebos/as por estos lares.

Por último os dejo con esta foto. Se trata de un colegio por el que pasamos a media mañana, las alumnas en uniforme verde salían del establecimiento. Junto a la puerta de entrada se encontraba este cartel:

Para el que no sepa inglés: “Escuela Carnegie de economía doméstica: piscolabis y hospitalidad, cosmetología, costura?, mantenimiento del hogar, progamación de saraos”. No había muchos chicos en esta “escuela”. Bien, pregunta para las abuelas y madres: ¿cuándo dejaron de existir estas sitios en España? y ¿existe de verdad una ciencia sobre el maquillaje?.

No puedo haceros una descripción exhaustiva de la ciudad porque nos faltó tiempo para descubrirla completamente. Pero con este artículo podéis haceros una pequeña idea de las desaventuras que hemos vivido.

Y con Guyana, puedo decir que he viajado por cuatro países en Sudamérica (Guayana Francesa, Surinam, Brasil y Guyana) y no he articulado ni una palabra de castellano, ¿a que no sabíais que había cuatro países no hipanohablantes en este continente? Pues que no se os olvide porque son los únicos.

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Surinam

Tras dos días espectaculares entre tortugas, me dirigí hacia la frontera con Surinam para emprender el que, hasta ahora, ha sido el viaje más bizarro que he vivido.

Lo que voy a ilustraros en este artículo y en el sucesivo, es un viaje de una semana por los dos países menos conocidos (para los españoles) de América del sur: Surinam y Guyana. Estos dos países fueron las antiguas colonias de Guyana Holandesa y Guyana Británica respectivamente.

El lunes ocho de abril, en la ciudad de Saint Laurent del Maroni, ciudad fronteriza con Surinam, me encontré con mi compañera estadounidense Kate para comenzar nuestro periplo. Nuestro objetivo era pasar dos días en Paramaribo, capital de Surinam; dirigirnos después a Georgetown, capital de Guyana, para pasar dos  días; y finalmente volver a la Guayana Francesa. Todo el viaje se realizaría en bus y taxi compartido, recorreríamos una distancia de unos 1000km de ida y otros tantos de vuelta, y veríamos paisajes y gentes tan impresionantes como inesperados.

¡Comenzamos!

Si yo os pongo estas fotos…

Ayuntamiennto

Ayuntamiennto

Catedral completamente en madera

Catedral completamente en madera

Conservatorio

Conservatorio

Céntrica calle

Céntrica calle

Casa señorial

Casa señorial

…, si tenéis unos mínimos conocimientos de arquitectura europea, podríais pensar que estoy en el norte de Europa. Sin embargo, en esta ciudad los loros sobrevuelan los tejados, el sol te tuesta a fuego lento y el cuerpo te pide agua de coco fresca. Me encuentro en una de las pocas ciudades coloniales holandesas de Sudamérica. Y es gracias a este pasado colonial que Paramaribo posee el título de patrimonio de la UNESCO.

Una de las primeras cosas que me sorprendieron fueron las gentes que pululan por sus calles. Junto a los esperados negros y blancos, se encuentran indios (de la India) y javaneses (de la isla indonesia de Java). Esta población fue traída en el siglo XIX de las colonias holandesas e inglesas en Oceanía como mano de obra barata para desarrollar las colonias americanas. Fueron los llamados culíes.

Esta variedad étnica conlleva una indefectible variedad religiosa. Y he aquí la segunda cosa que impresionó: la cantidad de templos que salpicaban la ciudad. Mezquitas, sinagogas, iglesias de las diferentes variedades cristianas (católicos, protestantes, adventistas, testigos de Jehová, etc.) y templos Hindúes. No era extraño encontrarse con Shivá, Visnú o Ghanesa por la calle. Probablemente éste sea uno de los pocos lugares en el mundo donde todas estas religiones cohabitan pacíficamente.

La sinagoga en primer plano y la mezquita detrás

La sinagoga en primer plano y la mezquita detrás

El centro de la ciudad es la zona más rehabilitada pero los alrededores también poseen pequeñas casas coloniales en madera muy chuscas.

Casa encantada

Casa encantada

Tengo que aclarar que Surinam no es un país pobre, aunque tampoco es rico. La gente vive dignamente. El turismo es una actividad muy importante, sobre todo proveniente de Holanda. La lengua oficial es el holandés aunque también existe una lengua criolla mezcla del holandés y el inglés.

La comunidad china es también muy importante

La comunidad china es también muy importante

Tras dos días contemplando la capital surinamesa, nos dirigimos al oeste hacia el río Courantyne, frontera con Guyana. Que quede claro que todos los ríos que atravesamos eran enormes. Algunos hasta albergaban islas de varios kilómetros de largo.

El paisaje que encontramos al oeste surinamés fue encantador. Pequeños pueblos constituidos de pequeñas casas coloniales de madera donde no podían faltar la iglesia, la mezquita y el templo hindú.

Y así casi todas

Y así casi todas

En el extremo oeste nos encontramos con arrozales gigantescos alrededor de la ciudad de Nickerie. Aquí la población es mayoritariamente india por lo que, por doquier, escuchábamos el indi.

Nota curiosa: durante el viaje pasé dos veces por Calcuta. Muchos de los pueblecitos llevan nombres de poblaciones indias.

To be continued… (el próximo país es anglófono)

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